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¿Y qué pasa si estoy contagiado?

03/19/2020

Estamos en medio de una situación totalmente inédita, y en relativamente poco tiempo hemos pasado del escepticismo al pánico. Cierto es que jamás se nos pasó por la cabeza que el argumento de una película de ciencia ficción podría, en algún momento, convertirse en realidad.

En este post de lo que quiero hablarte es sobre qué puedes hacer para llevar mejor la cuarentena si resulta que estás infectado.

¿Y si estoy contagiado?

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Hacía muchísimo tiempo que una pandemia no nos tocaba tan de cerca. Nuestro estado de salud y bienestar, aunque en algunos sentidos podría ser cuestionable, en general era lo suficientemente bueno y lo vivíamos como algo tan estable, que si a cualquiera de nosotros nos hubieran dicho que algún día tendríamos que estar confinados en casa para pasar una cuarentena a fin de intentar evitar el incremento exponencial de contagios víricos en medio de una pandemia, probablemente nos hubiéramos echado a reír pensando que semejante planteamiento sólo sirve como argumento de una película de cine.

Mientras el COVID se reproducía en China, lo vivíamos como algo muy lejano. Cuando llegó a Italia, continuaba siendo lejano aunque comenzábamos a contemplar la posibilidad de que Europa podría llegar a afectarse. No ha sido sino hasta que llegó a Madrid que la población se dividió por un lado en el estupor y por el otro en el escepticismo. A medida que la sombra del coronavirus se fue extendiendo sobre el territorio peninsular y empezaron los aislamientos, la sombra del miedo empezó a cernirse sobre nosotros, pues aquello tan lejano e impensable se convertía “de pronto” en real.

Llegados a este punto, es necesario empezar a aportar un poco de cordura porque es fácil caer en el pánico si atendemos a todas las informaciones, muchas veces contradictorias, que nos llegan por todos los medios de comunicación, redes sociales y contactos. Está claro que no debemos restar importancia a los acontecimientos de estamos presenciando (son muy graves, sí) pero tampoco debemos pensar que estamos ante el fin del mundo. En realidad, las medidas que la población debemos poner en práctica son sencillas, y la información que debemos disponer es razonable.


¿Seré COVID “positivo” o “negativo”?

Con casi total seguridad este es uno de los grandes temores que tenemos todos en estos momentos; todos entendemos que obtener un resultado positivo indica que se ha estado en contacto con el virus y que nuestro sistema inmunológico está plantándole cara. Pero tener un resultado positivo a la prueba del COVID-19 no necesariamente indica que voy a desarrollar síntomas de la infección, y es tremendamente importante tener esto claro.

Es cierto que muchas personas – quizás la mayoría – que están contagiadas, son asintomáticas. Y los protocolos que se han estado utilizando hasta el momento no contemplan pasar el test a este grupo de población (porque ello implicaría tener que hacer pruebas a cuarenta y siete millones de personas, lo cual es técnicamente imposible).

Si no tengo síntomas y por defecto no se realiza la prueba de detección de COVID a las personas asintomáticas, nunca llegaré a saber que estoy contagiada ni mucho menos que soy una fuente de contagio para quienes me rodean.

Por tanto, ser positivo asintomático es verdaderamente un problema para los demás, más que para uno mismo. Si he sido infectada y no lo sé, estoy contagiando a otras personas sin desearlo porque probablemente no tomaré las medidas de protección pertinentes para evitarlo. En parte por eso ha sido necesario decretar el estado de alarma y conducirnos a un aislamiento social

En términos de cómo se comportan las personas, la conducta de quien sea positivo asintomático y de un negativo al COVID-19 va a ser el mismo: los dos se sienten bien, los dos tendrán miedo de poder caer enfermos; los dos podrán ver relativamente con buenos ojos el aislamiento, pero también es verdad que necesitarán una serie de pautas generales para poder sobrellevarlo.

Y no es que las personas que están sintomáticas no sientan miedo, no. Ni que no necesiten pautas para sobrellevarlo mejor, no. Por supuesto que tienen miedo y por supuesto que necesitan ayuda para superar este trance. A diferencia de quienes no están contagiados o quienes no tienen síntomas, las preocupaciones de las personas enfermas giran en torno a la posibilidad de contagiar a sus conviventes, a poder salir con bien de la enfermedad y las suecuelas que puedan tener (si las tuvieran).


¿Por qué estar en aislamiento social?

Una cuestión que resulta evidente es que el aislamiento en nuestro domicilio tiene la finalidad de disminuir el riesgo de contagio al mermar la densidad de población circulante en nuestras calles. Resulta lógico que, cuanto más tiempo estemos en casa y con el menor contacto posible con no convivientes, menos probabilidades habrá de contraer la infección por coronavirus ni de infectar involuntariamente a otras personas.

En cuarentena

El aislamiento intenta proteger:

1) Por un lado a todas aquellas personas infectadas y con síntomas leves que no requieren ingreso hospitalario. Estas personas necesitan un ambiente tranquilo en el que poder recuperarse y convalecer, tomando también en cuenta que se trata de personas que están infectadas y por tanto son contagiosas. La reclusión es la mejor manera de asegurar tanto su recuperación como de evitar la propagación del virus.

2) Pero muy especialmente a las personas no infectadas / negativos. Tal como apuntaba anteriormente, el aislamiento social ayudará a mermar el contacto con aquellas personas que podrían estar contagiadas sin saberlo, y consecuentemente podrían estar transmitiendo el coronavirus involuntariamente (es el caso de los infectados asintomáticos).


¿Qué recomendamos especialmente a una persona que está padeciendo la enfermedad?

Además de las recomendaciones generales de higiene, en este grupo de población es importante importante:

1.- Conseguir manejar los pensamientos intrusivos.

El propia aislamiento social y la sobreinformación a los que nos estamos viendo expuestos durante las últimas semanas, así como la drástica reducción de actividad diaria que ha supuesto la imposición de la cuarentena, nos vuelve más vulnerables a la aparición de pensamientos intrusivos.

Por definición, los pensamientos intrusivos son pensamientos no deseados involuntarios, imágenes o ideas desagradables que pueden convertirse en obsesiones, y son tremendamente molestos o preocupantes, y puede ser difícil de manejar o eliminar.

En estos momentos, los pensamientos intrusivos más frecuentes giran en torno a la probabilidad de contagiarse, el riesgo de un contagio, el temor de que algún ser querido sufra la enfermedad, las tasas de mortalidad de este virus, o las consecuencias que puedan acarrear las medidas que se están tomando para contener los contagios. Y en general, todos esos pensamientos tienden a ser grises, pesimistas y tremendamente atemorizantes.


¿Cómo puedo manejar estos pensamientos?

Resulta especialmente importante aislarnos y frenar del exceso de información que estamos recibiendo. Es información que, en gran medida, no procede de fuentes fiables ni oficiales, no han sido redactadas por expertos y tienden a generar alarma. Por otro lado, muchas veces resulta contradictoria.

Es mejor esperar a las comunicaciones oficiales diarias o acudir a fuentes de información sólida y fiable como el Ministerio de Sanidad o la Organización Mundial de la Salud. Consultar estas fuentes una vez al día es más que suficiente para estar bien informados de la evolución del COVID-19 y de las actualizaciones de las medidas que se están tomando y que debemos seguir.


Mantenerse ocupado es una buena alternativa para frenar los pensamientos intrusivos: una mente ocupada es una mente que no tiene tiempo para formular pensamientos pesimista.

Y aquí radica la importancia de mantener una rutina de actividades, que deberían incluir un poco de actividad física (para ello, muchas entrenadoras personales como la famosa australiana Kayla Itsines ofrecen programas de ejercicio para hacer desde casa), teletrabajo, actividades lúdicas en familia y tiempo libre.


2.- No alarmarse innecesariamente: intentar ser realista y pensar que la mayor parte de las personas infectadas y sintomáticas están curándose.

A grandes rasgos, la situación es la siguiente:

  • La mayor parte de las personas contagiadas, no saben que lo están; y eso significa que muy probablemente son asintomáticas.

  • Dentro del grupo de personas sintomáticas, la inmensa mayoría son pacientes con síntomas leves que están en casa recibiendo tratamiento domiciliario y sintomático.

  • El grupo de pacientes infectados con el virus y que están graves, es minoritario.


¿Por qué, entonces, nos asustamos tanto?

El aluvión informativo sobre la creciente cantidad de casos de infectados y pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos, del desabastecimiento de alimentos (consecuencia directa de la dificultad para reponer mercancías al mismo ritmo en que estas son adquiridas) y la situación del personal sanitario, son tres elementos que directamente nos llevan a imaginar una situación caótica y descontrolada, casi un escenario bélico.

Seguramente es la primera vez que muchos de nosotros experimentamos un aislamiento social o cuarentena, obligados por un Estado de Alarma (situación en sí misma excepcional). En los últimos meses hemos ido viendo cómo distintos países han ido aislándose y cerrando sus fronteras; hasta que esa medida no tuvo que ser tomada en España – hasta que no dejamos de vivir el problema como algo lejano y ajeno a nosotros – probablemente no tuvimos la sensación de que el riesgo era latente y cualquiera podemos caer víctimas del COVID-19; hasta ese momento, no nos empezamos a sentir vulnerables.

Las imágenes de personas saliendo cargadas de los supermercados y las estampas de desabastecimiento, en general no hacen más que generar en nosotros una sensación de “fin del mundo” que resulta extenuantemente agobiante. La perspectiva de hipotéticamente no poder cubrir una necesidad básica en un período crítico sólo contribuye a aumentar la percepción de indefensión, y por tanto también la ansiedad.

Por último, se trata de un virus nuevo y desconocido. Y como todo lo desconocido, produce muchas dudas e incertidumbre.


3.- Cuando sienta miedo, piense en otras situaciones en las que haya superado exitosamente una enfermedad.

No hay que perder de vista que en los últimos años está habiendo un repunte de cuadros infecciosos que durante décadas han estado contenidas gracias a las vacunas. Estas enfermedades, como el sarampión, están incrementándose en países del primer mundo. Muchos de nosotros estamos protegidos ante esta patología, pero la «inmunidad comunitaria» peligra.

No hay que perder de vista que en los últimos años está habiendo un repunte de cuadros infecciosos que durante décadas han estado contenidas gracias a las vacunas. Estas enfermedades, como el sarampión, están incrementándose en países del primer mundo. Muchos de nosotros estamos protegidos ante esta patología, pero la «inmunidad comunitaria» peligra.