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¿Qué significa "aplanar la curva"?

03/21/2020

Esta publicación puede que tenga poco de psiquiátrico, pero como siempre le digo a mis pacientes: la mejor manera de reaccionar frente a algo es entender cómo funciona.

En los últimos días, a los ya famosos hashtags de #yomequedoencasa y #quédateencasa, se suman aquellos que tienen relación con bajar la curva de contagios. Pero para poder entender lo que significa la frase aplanar la curva, primero hay que entender cómo funciona esa curva.

Bajando la curva de contagios del SARS-CoV-19

Llevamos varios meses escuchando que los casos de contagios cada vez son mayores y viendo gráficas que pretenden enseñarnos de qué manera la progresión de los contagios es exponencial. Pero esa información puede resultar confusa si uno no está acostumbrado a manejarse con ella de forma habitual.


¿Cómo se producen los contagios?

Esta es la base para entender las medidas de prevención que se han instaurado ahora ya a lo largo y ancho del planeta.

Hasta donde sabemos, el COVID-19 es un virus que afecta fundamentalmente al sistema respiratorio y se propaga a través de fluidos nasales (mucosidad) o bucales (saliva). Estos fluidos se liberan de manera invisible e imperceptible cuando hablamos, tosemos o estornudamos a través de microgotas que se llaman «gotitas de Flügge». Esas gotas son verdaderamente micorscópicas (son completamente imperceptibles) y tienen la cualidad de poder atravesar prácticamente cualquier tipo de tejido.

En una persona infectada, esas «gotas de Flügge» contienen una cantidad X del virus – en este caso el SARS-CoV-19 –; al hablar, ese individuo salpica tanto a las personas que están ante sí como también a los objetos que le circundan, y esas gotas se depositan sobre las superficies e incluso entran en el sistema respiratorio de otros sujetos a través de la respiración.

A día de hoy ya sabemos que el SARS-CoV-19 es capaz de permanecer inalterado sobre las superficies y tejidos durante una buena cantidad de tiempo. Eso significa basta con que una persona infectada haya estornudado sobre una mesa de madera hace dos horas, y yo luego toque esa mesa, es suficiente para infectarme.

Esta es la explicación para el establecimiento de las medidas de prevención e higiene que todos conocemos: las gotas de Flügge no pueden ir mucho más allá de una distancia superior a un metro desde quien las propaga. Y la limpieza de manos y superficies es crucial porque el jabon y el desinfectante destrozan las defensas que protegen al virus para que no se desintegre hasta que pueda llegar a algún medio (el ser humano) en el que se pueda replicar.

La mascarilla, por otro lado, evita que la persona infectada propague el virus a través de la saliva. Pero ¡ojo!: las mascarillas quirúrgicas son de un material muy fino que no protegen adecuadamente frente a las «gotas de Flügge» puesto que estas pueden atravesarla – aunque es indudable que como poco ayudan a calmar nuestra ansiedad –, al igual que las servilletas de papel, especialmente si mantengo contacto a una distancia inferior a un metro con una persona contagiada. Las mascarillas recomendadas para la correcta protección ante contagios por este virus son aquellas que llevar incorporado un filtro de aire (FFP2 o FFP3), que son las que debería portar el personal sanitario para mayor seguridad en el contacto estrecho con el paciente infectado.


¿Qué quiere decir que el contagio es exponencial?

El contagio del COVID-19 se produce entre personas y por contacto con superficies infectadas. A día de hoy sabemos que es un virus tremendamente infeccioso pues cada individuo infectado por el virus puede infectar a dos o tres personas más.

Probablemente es mucho más fácil de entender con el siguiente ejemplo:

Juan se infecta hoy, pero hasta dentro de 14 días no lo sabrá (no obtendrá un resultado positivo en el test de SARS-CoV-2)

Como Juan no sabe que se ha infectado, cree que está bien. Y cuando salga a la calle contagiará a tres personas; estas personas sabrán que están infectadas a partir de 14 días, siempre que tengan síntomas

Esas tres personas creen que están bien, y se van a la playa. En la playa contagian a otras tres personas cada uno, que no sabrán que están infectados hasta dentro de 14 días por lo menos

De ese grupo de trece personas infectadas, la mayoría serán asintomáticas; estas personas que nunca llegan a tener síntomas, continúan haciendo su vida con total normalidad, y cada día infectan a más personas. De los 31 infectados, muy pocos tendrán un cuadro respiratorio “leve”, y la minoría (mayores o jóvenes) tendrán un cuadro respiratorio muy grave que los llevará a una unidad de cuidados intensivos.

Y así, si cada infectado contagia –según el ejemplo– a tres personas más, al cabo de una semana tenemos a 1 903 personas contagiadas. Y si todas esas personas contagian nuevamente a tres, en dos semanas tendremos a 2 391 484 nuevas personas infectadas. Y así sucesivamente.

Y así es como no tan poco a poco se dibuja la curva de los contagios. Esa curva que tenemos que bajar.


Si me contagio, ¿qué puede pasar?

Las personas infectadas pueden estar en uno de estos tres escenarios:

1. Infectado asintomático:

Se trata de una persona que se ha contagiado por el virus COVID-19, pero no presenta síntomas en ningún momento. Desde el punto de vista clínico, parece estar sano.

¿Y por qué está asintomático?. Quizás se deba a una óptima respuesta del sistema inmunológico de ese individuo, sumado al hecho de que su carga viral (o expresado de otra manera, la cantidad de virus que porta) es baja.

Lo más relevante de este grupo es que es muy posible que los casos de infectados asintomáticos sean la mayoría. Y es un grupo de población muy peligroso, porque aunque no manifiesten ninguna clase de síntoma, sí diseminan el virus y causan contagios entre la población sana, por no hablar del hecho de que muchas de estas personas, al no ser conscientes de que resultan contagiosas podrían contribuir al incremento de la curva especialmente si vulnerasen las medidas de aislamiento.

Y es que, para más INRI, los protocolos que se están utilizando en la actualidad sólo contemplan practicar las pruebas de detección del virus a las personas con síntomas respiratorios sugestivos de contagio por SARS-CoV-19. Eso significa que aquellas personas contagiadas sin síntomas no son tomadas en cuenta en la contabilización de casos, lo que conlleva una infraestimación de los contagios reales.

2. Infectado sintomático - leve:

Este es el grupo de personas que tienen “sintomatología gripal”, pero que pueden permanecer en aislamiento en sus domicilios sin temor para su salud.

Quizás gracias a la desafortunada frase “sintomatología gripal” muchas personas han equiparado (equivocadamente) la clínica asociada a este virus con un cuadro gripal estacional de los de toda la vida. Y no es estrictamente cierto, pues se trata de un cuadro mucho más intenso, molesto, doloroso, largo e incapacitante que el de una gripe.

Este grupo de personas también son contagiosas, pero por su propio padecimiento es más claro que están infectados así que es más fácil practicar la cuarentena y aislamiento, pues son más conscientes – ellos mismos y su entorno – de que deben tomar medidas de confinamiento y de prevención e higiene.

3. Infectado sintomático - grave (neumonía):

Estos son los casos que más nos aterrorizan, pues son los más mediáticos por ser los más difícil de manejar desde el punto de vista sanitario, pues desarrollando cuadros clínicos tan granves que frecuentemente requieres cuidados intensivos con asistencia respiratoria.

Afortunadamente, este grupo de pacientes es minoritario.


Vamos a poner un ejemplo en cifras, al hilo del ejemplo anterior:

Tenemos una población infectada de 2 391 484 personas. Supongamos que los porcentajes (¡ficticios!) de casos sintomáticos graves son un 10% de personas infectadas, los sintomáticos leves un 20% de las personas infectadas, y el 70% restantes corresponde al resto de infectados que están asintomáticos.

Los resultados que obtenemos son:

* Casos graves: 239 148 personas

* Casos leves: 478 297 personas

* Portadores asintomáticos: 1 674 039 personas

Evidentemente estos datos hay que contextualizarnos en la población total del país de referencia: a nivel estadístico no es lo mismo dos millones de infectados en una población total de cuarenta y siete millones de habitantes que en otra población total de cien millones de habitantes. Eso nos servirá para poder determinar qué estrategias de control son las más efectivas a fin poder deterner los contagios con mayor rapidez, ya que está claro que a la velocidad a la que se producen las nuevas infecciones, cuanto menor sea la población, más facilidad para alcanzar a toda la ciudadanía y desbordar el sistema sanitario.

Aún así, no deja de ser terrible la velocidad a la que el SARS-CoV-19 puede diseminarse, tratándose probablemente de uno de los microorganismos más lesivos que conocemos.


Con toda esta información, ¿a qué conclusiones podemos llegar?

  1. La velocidad de transmisión del virus es tremendamente rápida: cada persona contagiada tiene capacidad de infectar a dos o tres personas más.

  2. Los contagios se producen entre personas, con o sin objetos que puedan servir de intermediarios; los contagios son debidos a que la persona sana entra en contacto directo con las secreciones cargadas de virus de otra persona contagiada.

  3. El virus puede permanecer sobre superficies durante muchas horas, sin que se altere su capacidad patógena. Eso lo hace muy resistente.

  4. La mayor parte de las personas contagiadas serán asintomáticas o sintomáticas leves.

  5. Las personas asintomáticas tienen la capacidad de contagiar a otras personas, sin saberlo. ¡Peligro!.

  6. Son necesarias medidas de higiene (lavado de manos frecuente; desinfección de manos y fómites; distancia personal…), pero sin embargo estas medidas son insuficientes por sí mismas.

  7. La manera más eficaz para hacer decaer la tasa de contagios es el aislamiento. Evidentemente, cuanto más restrictivo sea este, mayor será la capacidad de limitar el aumento de las nuevas infecciones.

Hay que partir de la base de que el virus SARS-CoV-19 nos pilló a todos desprevenidos y poco preparados, por lo que las estrategias de defensa que cada país han podido ir asumiendo – y a la vista está de todos – han sido variopintas y no todas igualmente eficaces.

A día de hoy, en España, el problema fundamental que tenemos es que se desconoce la cifra real de infectados; esto tiene que ver con los protocolos que se han establecido, que a su vez tiene que ver con los recursos disponibles (pruebas, personal, tiempo y presupuesto) para extender las pruebas diagnósticas a la población general; de hecho, seguramente te has dado cuenta de que a medida que pasan las semanas, las estrategias que se han ido adoptando poco a poco han ido cambiando. En Vigo, por ejemplo, tras la detección de los primeros casos el personal médico en contacto directo con estos pacientes fueron aislados en sus domicilios y se practicaba un seguimiento de las personas cercanas a los pacientes; pero a medida que nuevos casos iban apareciento, se hacía más inviable enviar a los sanitarios de realizar cuarentena ni realizar estudios de extensión pues acabaríamos quedándonos sin médicos ni enfermeras en el hospital, y los estudios de extensión desbordarían a los servicios pertinentes y se ralentizarían mucho.

Desconociendo la cifra real de infectados, las estadísticas que maneja Sanidad y los medios de comunicación tienen importantes sesgos. La única manera de corregir esos sesgos y de empezar a frenar al virus, es mediante el aislamiento.

Con el aislamiento se matan muchos pájaros de un mismo tiro:

  • Disminuimos la distancia interpersonal.

  • Disminuimos los contagios por contacto con objetos o fómites.

  • Ganamos tiempo para conseguir una vacuna y/o cura para la enfermedad COVID-19.

  • Al ganar tiempo para conseguir una vacuna y/o cura, garantizamos que la población afectada más adelante tenga mayores probabilidades de recuperación.

Significado de aplanar la curva

Lo que se persigue con el aislamiento es frenar la tasa de contagios, y por tanto, que esta tasa disparada que nos está caracterizando a los españoles en estos días, disminuya.

Eso significa que es bastante posible que continúen produciéndose contagios después del aislamiento, debemos ser realistas en esto; de la misma manera que debemos ser realistas en que pasado el período de cuarentena, deberemos ser precavidos y mantener medidas higiénicas que ayuden al control de la diseminación del virus.

Aplanar la curva, en definitiva, significa frenar los contagios para que podamos darle tiempo a la comunidad científica para que desarrolle los fármacos de los que nos podremos beneficiar más adelante, y para garantizar que todos podamos tener acceso a los servicios sanitarios. Y con esas dos herramientas, entonces sí podremos estar hablando un mayor control de la pandemia o, incluso, su reducción a “patología común”.


Desmontemos algunos mitos

Los jóvenes no se infectan: FALSO. Los jóvenes no sólo sí se infectan, sino que también pueden desarrollar cuadros graves por los que necesiten asistencia en cuidados intensivos.

Bien es cierto que hasta la fecha han habido pocos fallecimientos en el grupo de población inferior a los 40 años, ¡pero los ha habido!. Así que no bajes la guardia.

Es una infección predominantemente de personas mayores: FALSO. Es una infección que nos puede poner en serios apuros a todos, sólo que las personas mayores probablemente suman más patologías previas, y eso les hace especialmente vulnerables. Cuanta mayor es la edad (y las comorbilidades), más posibilidades de desarrollar un cuadro graves. Pero en cualquier caso no es cierto que sea una infección predominante de personas mayores.

Los niños son una importante fuente de contagio: CIERTO, pero no porque sean importantes vectores de transmisión. Al inicio de la publicación comentaba que el virus se transmite fundamentalmente se las secreciones nasales (mucosidad) y bucales (saliva). En los niños, especialmente los más pequeños, es frecuente la presencia de mucosidades y salivación excesiva que resultan difíciles de gestionar. Todos los que tenemos niños pequeños en casa sabemos lo que ocurre con las babas y los moquitos, ¿verdad?: están en toda la ropa, caen por todos lados, nos caen encima a nosotros… y es difícil poder evitarlo. Pues en esas secreciones que los niños esparcen por todos lados hay virus, y nosotros estamos en contacto directo con ellas; no se trata, pues, de que los niños tengan más virus en comparación con gente de mayor edad, sino de la dificultad para controlar las secreciones.

Los animales transmiten la enfermedad: FALSO. Característicamente los virus de la familia coronavirus afectan especialmente a animales, y en algunas ocasiones estos virus pueden mutar de tal manera que salten de huésped: de animales a humanos. Esta era la hipótesis que se barajaba al inicio del brote, en Wuhan. Sin embargo, no se ha podido demostrar que los animales transmitan la enfermedad COVID-19

Los animales transmiten la enfermedad: FALSO. Característicamente los virus de la familia coronavirus afectan especialmente a animales, y en algunas ocasiones estos virus pueden mutar de tal manera que salten de huésped: de animales a humanos. Esta era la hipótesis que se barajaba al inicio del brote, en Wuhan. Sin embargo, no se ha podido demostrar que los animales transmitan la enfermedad COVID-19