El alcohol y su relación con otros trastornos

03/02/2018

El alcohol es una sustancia cuyo consumo está socialmente muy extendido, y a diferencia de otros tóxicos, en general no está visto con malos ojos. Por el contrario, suele estar presente en todo contexto social, y desde pequeños estamos habituados a verlo. Entonces, ¿cuál es el problema?.

Abuso de alcohol


El alcohol en la sociedad

El uso del alcohol está muy extendido en nuestra sociedad desde hace incontables siglos atrás. El vino y la cerveza eran -y continúan siendo- bebidas de consumo frecuente, estableciéndose alrededor de ellos sistemas económicos; y esta es una situación que persiste hasta el día de hoy.

No hay comida de negocios, reunión con amigos, fiestas o eventos, que no se acompañen de algún tipo de bebida alcohólica con independencia de la graduación que contenga. Y esto hace que sea una sustancia que se cuela en nuestras vidas de una forma pasmosamente rápida e incluso sigilosa; el hecho de que goce de tan elevada aceptación hace que no sea apreciada como un tóxico, o que se considere una droga lícita (lo que conlleva a muchos a entender que es una sustancia mucho menos peligrosa que otras).


¿Hay relación entre el alcohol y otros trastornos?

Una de las propiedades del alcohol que más es valorada por sus consumidores, especialmente los jóvenes, es su efecto desinhibidor: con dos o tres cervezas soy más sociable, me relaciono mejor, soy más hablador, me siento más próximo a la persona exitosa y simpática que siempre he querido ser.

Otras personas, sin embargo, han observado que el alcohol también les ayuda a relajarse, a eliminar esa ansiedad y a encontrar ese sosiego que quizás las preocupaciones y los pensamientos rumiativos no permiten alcanzar.

  • En las fobias sociales, por ejemplo, la persona a la que le imponen los grupos de gente y experimenta sintomatología ansiosa en estos contextos, consigue relajarse lo suficiente y además desinhibirse; así, se ‘olvida’ de que los contextos sociales le resultan incómodos y se aproxima más a la persona que le gustaría ser. Con dos o tres copas de más se siente más poderoso, más exitoso, más aceptado… aunque una vez libres de alcohol, nada en la persona haya cambiado.

  • También es frecuente que en la ansiedad y en la depresión, el alcohol consiga un efecto relajante y cese el nivel de malestar, por lo que mis pensamientos dejar de girar incesantemente en torno de mis preocupaciones, ayudándome a conseguir conciliar el sueño.

Así las cosas, el incremento en el consumo de bebidas alcohólicas no siempre ni únicamente debe entenderse como un problema en sí mismo; por el contrario, son muchas y muy frecuentes las ocasiones en las que no es más que la cara visible de una alteración anterior, que precisamente se ha intentado solucionar inconscientemente a través de la bebida.

No son pocos los pacientes que acuden a consulta solicitando asesoramiento y ayuda por un problema de alcoholismo. Llegados a ese punto, y con la pertinente valoración clínica, puede resultar que efectivamente hay un alcoholismo, o que por el contrario el abuso de esta sustancia está relacionado con otro problema psíquico que habrá que resolver para solventar el consumo.

Tampocos son extraños los casos de pacientes aquejados por fobias, ansiedad, depresión… y en los que la exploración revela una elevación del consumo de alcohol que es posterior a la aparición de los síntomas por los que vienen a la consulta.

En ninguno de los dos casos debemos subestimar las implicaciones del consumo de alcohol, ya que en ambos nos encontramos ante un problema potencialmente peligroso.

Existe, pues, una estrecha relación entre ciertos cuadros clínicos y el consumo de alcohol; y tiene sentido, puesto que éste estaría funcionando como un ansiolítico que proporciona un alivio a una molestia concreta. Por esa regla de tres, un incremento en la cantidad de alcohol ingerida puede ser sugestivo de un empeoramiento de un trastorno previo, de la aparición de una dependencia, o de ambas situaciones.


¿Qué hacer si detectamos que bebemos cada vez más?

Si detectamos que cada vez consumimos una cantidad mayor alcohol y/o que pasamos cada vez más tiempo consumiendo alcohol, lo más acertado será solicitar ayuda a un profesional en Salud Mental antes de que este patrón de conducta se torne un problema más grave.

El profesional deberá:

  • Realizar una historia clínica completa que refleje el patrón de consumo.

  • Evaluar si existe o existía algún otro problema o molestia previa (ansiedad, depresión, etc.)

  • Explorar datos de abstinencia.

Esta información permitirá el diseño del tratamiento más adecuado para cada caso, ya que no sólo deberá abordarse el consumo de alcohol sino también las otras patologías, si las hubiera.



Aunque el alcohol es una droga social con un uso muy extendido y normalizado en nuestra sociedad, lo cierto es que puede dar lugar un problema físico y de salud mental si su consumo se torna frecuente y elevado.

Por otro lado, las propiedades del alcohol y su fácil accesibilidad lo convierten en un método para paliar inconscientemente múltiples síntomas y molestias; y aunque en un primer momento pueda emplearse como ‘tranquilizante’, el uso y abuso puede dar lugar a un segndo problema. Ya se sabe: a veces, por querer solucionar un problema de la manera menos adecuada, acabamos teniendo dos.

Si apreciamos que cada vez bebemos más o que el alcohol empieza a convertirse en un aliado habitual para aliviarnos, será conveniente consultar con un profesional adecuado para determinar qué está ocurriendo y poner una solución efectiva.