El trabajo y la salud mental

03/09/2018

La salud, según la OMS, hace referencia a un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo a la ausencia de afecciones o enfermedades. Desde esta perspectiva, la salud abarca mucho más que simplemente estar enfermo o no; consiste en encontrarse satisfecho con nuestro estado de salud, con nuestro día a día, con nuestro entorno social y con nuestro trabajo.

Sobrebarga laboral

Siguiendo la línea que nos marca la OMS en lo referente al concepto de salud, los años de crisis que hemos atravesado y de los que aún notamos sus coletazos han impactado muy negativamente en nuestra sensación de bienestar general: muchos de nuestros allegados o nosotros mismos hemos asistido a una precarización de los salarios o el abono de las nóminas, las familias han tenido que ajustar sus cinturones para poder afrontar sus gastos mensuales, la pérdida de empleos ha estado a la orden del día (seguida de una posterior creación de puestos de trabajo que lejos de crear la sensación de estabilidad laboral, facilitan más la explotación), incrementos de horarios de trabajo, sobrecarga laboral…. y un largo etcétera. Esto, en lo concerniente al ámbito laboral, por supuesto.


¿Cómo es la relación entre la Salud Mental y el trabajo?

La relación entre la salud mental y el ámbito laboral debe entenderse como bidireccional: la sobrecarga laboral y las cada vez más precarias condiciones en las que se desarrollan las actividades laborales actuales producen una creciente sensación de estrés en el individuo que, a la larga, puede terminar desarrollando problemas de ansiedad e incluso depresión.

Ello resulta lógico si a raíz de la elevada presión laboral dejamos de atender otras parcelas de nuestras vidas que también es necesario cultivar o fomentar, como son la familia, las amistades y las actividades de ocio. Así, no es infrecuente escuchar en consulta a pacientes que se quejan de que se llevan el trabajo a casa (física o mentalmente) y que con ello dejan de dedicar tiempo a sus familiares, se notan más irritables o tensos y acaban pagando las consecuencias de la no-desconexión y del cansancio con quienes le rodean; sienten que les falta algo, que abandonan algo por dedicar cada más tiempo a una actividad laboral que al final les satura y colma de insatisfacción.

Pero anteriormente hablábamos de que la relación entre la salud mental y el trabajo debe entenderse como bidireccional. Y ello nos obliga a situarnos en otro escenario: el de quienes experimentan situaciones personales y/o familiares complejas que afectan a su salud mental, y que por extensión también repercuten sobre su rendimiento laboral.

En este sentido, cada vez con más frecuencia atendemos en consulta a personas que hacen frente al cuidado de una o varias personas mayores sin ayuda de otros allegados o de recursos del Estado -también mermados en los últimos años-, o que colaboran en el sustento de otros miembros de la familia que apenas tienen medios para sustentarse o que por diversas vicisitudes han tenido que regresar al domicilio de sus padres, o simplemente que son los únicos que pueden aportar una entrada económica más o menos fija a casa.

En estos casos, la sensación de sobrecarga empieza en el hogar, con las condiciones y obligaciones familiares; y el estrés y angustia repercuten en el trabajo que se ejecuta ya que las múltiples y lógicas preocupaciones, la ansiedad y el empobrecimiento anímico distraen de la responsabilidad laboral y empeoran la calidad de nuestra actividad (con las consecuentes broncas de los jefes, la pérdida de clientes o la cada vez menor capacidad de respuesta efectiva en nuestras propias empresas).


El mobbing ¿es un problema de Salud Mental?

Llegados a este punto, resulta evidente que la situación social y laboral actuales han conducido a un lento pero progresivo deterioro en la salud mental de la población general, con todo lo que eso conlleva en términos de cómo percibo mi calidad de vida e incrementos en la cantidad y duración de las incapacidades laborales temporales (bajas médicas) por causa psíquica.

Pero hay que hacer notar que una misma actitud puede ser el resultado de distintas situaciones diferentes: las broncas de un superior pueden estar en relación con las propias presiones a las que se ve sometido y que descarga (erróneramente) en los empleados, en que el empleado efectivamente esté realizando su trabajo de manera menos eficiente (por ejemplo, porque se encuentra en una situación personal que le indispone), o que exista una situación de asedio en el puesto de trabajo, por ejemplo.

Estas vivencias descritas (el superior que echas broncas) a veces son tildadas de acoso laboral o maltrato; no en vano en los últimos años, de la mano con la precariedad y la sobrecarga laborales, las denuncias de mobbing han aumentado como la espuma.

Si bien es cierto que la situación general actual merma la capacidad de las empresas para obtener beneficios (y con ello, contratar a más personal para repartir el trabajo y que la carga por empleado resulte más equitativa y permita trabajar con mayor eficiencia), antes de considerarse como acoso propiamente dicho a las vivencias ejemplificadas anteriormente es necesario hacer una revisión de la situación y valorar:

  • Situación personal y laboral del empleado.

  • Situación personal y laboral del superior.

  • Situación de la empresa.

  • Capacidad de liderazgo del superior.

Sólo así podremos poner las cosas en su debido contexto y brindar soluciones efectivas, en aras de mejorar la situación laboral y, con ello, cuidar de la salud mental de las personas, ayudarlas a sentirse productivas y felices. Sin una buena salud mental no hay un adecuado rendimiento laboral, y sin un buen rendimiento laboral tampoco hay salud mental.


El acoso laboral o mobbing propiamente dicho es una situación jurídica, no una patología por sí misma.

Los profesionales ni podemos ni debemos realizar un diagnóstico de mobbing, ya que ésta es una situación penalizable, no una enfermedad, y por tanto debe demostrarse y resolverse en ámbitos distintos al de una consulta psicológica o psiquiátrica.

La acción de hostigamiento prolongada en el tiempo sí puede ocasionar problemas de salud mental importantes, y ello es lo que el profesional de la salud mental debe diagnosticar y tratar.