¿Por qué no hablar sobre el suicidio?

06/25/2018

Las personas que acuden a una consulta de salud mental normalmente lo hacen con mucho más temor que a la consulta de cualquier otro profesional sanitario; y desde luego, si hay un tema que es especialmente difícil de abordar quien lo sufre es el de las ideas suicidas.

Soledad

En las últimas décadas, los intentos de suicidio y las ideas suicidas son una de las mayores causas de asistencia psiquiátrica urgente en los medios hospitalarios, por lo que cada vez más se los considera un problema grave de salud que requiere una intervención prioritaria.


¿Qué son las ideas suicidas?

Resulta evidente que las ideas suicidas son todas aquellas imágenes mentales que se nos puedan ocurrir en relación a poner fin a nuestra existencia. No obstante, no siempre las ideas suicidas van acompañadas de una voluntad clara y firme y cometer el acto suicida; muchas veces esas ideas son, más bien, la idealización de que la muerte representa una forma de poner fin a un padecimiento; lo que está claro es que cuanto mayor es la convicción de que el sufrimiento desaparecería con la muerte y más clara se vislumbra la posibilidad de atentar contra la propia existencia a través de un plan estructurado, mayor es el riesgo de suicidio.

Existen múltiples definiciones sobre qué es el suicidio o las tentativas suicidas, y quizás la más citada en la literatura es la de Durkheim: “Se llama suicidio a toda muerte que resulta, mediata o inmediatamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma, sabiendo ella que debía producirse ese resultado. La tentativa es el mismo acto que hemos definido, detenido en su camino, antes de que dé como resultado la muerte”.


¿Cuándo aparecen las ideas suicidas?

No hay ni una causa ni un momento concreto en el que puedan aparecer las ideas suicidas; de hecho, dependen de gran cantidad de factores diferentes: como siempre suelo decir, en todo lo relacionado con los sentimientos y la emociones, no solo importan los síntomas que puedo experimentar, sino que son incluso más importantes cómo soy yo y cuáles son mis circunstancias.

De forma muy general, somos más susceptibles a la aparición de las ideas suicidas cuando experimentamos intenso sufrimiento emocional, como por ejemplo:

  • Cuando sufrimos depresión.

  • Tras experimentar un hecho doloroso o una pérdido irreparable.

  • Cuando experimentamos sentimientos de culpa o vergüenza que no podemos controlar.

  • Atravesamos por vivencias o circunstancias personales que nos colocan en una situación desesperada (desempleo, desahucios, etc.)

  • Presencia de abusos.


¿Existen señales que me puedan alertar de que alguien de mi alrededor piensa en el suicidio?

Lo primero que hay que decir al respecto es que no es fácil distinguir las señales de alarma. Incluso los profesionales erramos.

Sin embargo, sí hay una serir de conductas que pueden resultar sospechosas o impropias de la persona con ideas suicidas, y que como mínimo, nos pueden rechinar:

  • Detectar sentimientos de desesperación y falta de esperanza, dudas sobre sí mismo, de sus capacidades y habilidades. Cuando estos sentimientos se vuelven más constantes e intensos, llegando incluso a “intolerables”, debemos sospechar que estamos ante un problema al que merece la pena prestar mucha atención.

  • Preocupación por los asuntos propios: empezar a organizar los asuntos personales, hablar con mayor frecuencia e insistencia sobre las pertenencias y su repartición entre los familiares, realizar preparativos “para el bienestar de la familia y dejar las cosas solucionadas”… En ausencia de alguna otra explicación que pueda hacer lógico llevar a cabo toda esta preparación (por ejemplo, una enfermedad potencialmente letal), todas estas son acciones que hacen pensar que existe no sólo la intención de poner fin a la propia existencia sino de que se trata de un acto muy bien cabilado.

  • Ensayar el suicidio: empezar a preparar un método y discurrir si es mejorable para incrementar las posibilidades de éxito.

  • Abuso de sustancias (¡el alcohol también es una sustancia!): una persona deprimida, bajo el influjo de las drogas consigue un mayor grado de desinhibición, que conlleva a su vez a mayor posibilidad de “atreverme a llevar a cabo” un acto que quizás, de otra forma, pueda flaquear; por tanto si en mi cabeza ya ronda la idea de poner fin a mi existencia, las sustancias me hacen más fácil terminar de dar el paso.

  • Empezar a sentirse mejor: en la depresión la mejoría se va produciendo poco a poco, y si bien podemos notar que nuestro ser querido parece menos inhibido y más ágil, más enérgico, más activo… ¡los pensamientos negativos y el deseo de poner fin a su existencia pueden no haber mejorado aún!. Así pues, en una parte de la recuperación de una depresión encontraré a una persona que continúa estando triste, apesadumbrado y desilusionado, y que vuelve a tener las energías suficientes como para poder pensar y ejecutar un plan suicida; de allí la importancia de realizar un seguimiento y vigilancia estrechas a los pacientes deprimidos en los primeros meses de inicio de su tratamiento.

Buscando ayuda


Si detecto que alguien de mi entorno puede estar pensando en el suicidio, ¿qué puedo hacer para ayudarle?

Existe la creencia popular de que hablar abiertamente sobre las ideas de suicidio son una manera de potenciarlas o de dar ideas a quien puede que ya empiece a tenerlas.

Sin embargo ¿no nos ha pasado a todos, alguna vez, que escuchar determinados pensamientos expresados en voz alta, nos ayudan a pensar en ellos de toda manera, desde otra perspectiva?. Y ¿no nos ha pasado alguna vez que, al hablar de algo que consideramos “prohibido” y encontrar en nuestro interlocutor comprensión y empatía, darnos cuenta de que no somos los únicos que pensamos o nos sentimos de determinada manera, nos proporciona alivio?.

Lo mismo le ocurre al paciente suicida: tiene la percepción de que abrirse a su entorno y hablar sobre los pensamientos que le vienen a la mente sólo servirá para alarmar innecesariamente a sus seres queridos. ¡Menuda sorpresa y liberación cuando encuentran que pueden hablar libremente, sentirse escuchados y comprendidos, no juzgados ni señalados, y que pueden liberarse de una gran parte de la carga emocional que les suponen sus pensamientos!.

Hablar sobre el suicidio, pues, no es dar ideas o hacer propuestas, sino familitar un espacio de confianza en el que poder vertir toda esa pesadumbre. Para poder ayudarle a hablar con confianza sobre lo que se le está pasando por la mente, lo primero que debo hacer es buscar un ambiente tranquilo, en el que no nos interrumpan, y adoptar una postura de escucha activa y comprensión, de manera que mi ser querido sienta que puede expresar sus sentimientos con tranquilidad y libertad.

Obviamente, siempre resulta difícil iniciar la conversación - las probabilidades de que mi ser querido sea quien la empiece es poco probable, si yo no he demostrado anteriormente mi disposición a escuchar y a ayudar -, y tendré que ser yo quien de el primer paso. El caso es ¿cómo hacerlo?: la delicadeza y la sinceridad son nuestros mejores aliados, aproximándonos poco a poco a los sentimientos que le embargan, a los motivos que le impulsan (simplemente escuchándolos, sin emitir opinión alguna) y a las razones que le ayudan a continuar adelante con su vida (y que debemos fomentar).


¿Qué puedo hacer si este tipo de ideas empiezan a rondarme por la mente?

Lógicamente, lo primero que debo hacer ante la aparición de este tipo de ideas es pedir ayuda a un profesional, bien sea un psicólogo o un psiquiatra, porque resulta indispensable poder expresar todas estas emociones que me conducen a la aparición de la ideación suicida y los propios sentimientos que esta ideación desencadena en mí. Necesito trabajar mis emociones y explorar mis posibilidades de salir adelante: toma en cuenta que, cuanto más tiempo pasdo albergando en mi interior todos estos sentimientos tan oscuros y dolorosos, más grandes y fuertes son y pueden acabar arrastrándome, así que mejor hacerles frente cuanto antes.


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Fuentes:

  • Chinchilla, A. Manual de Urgencias Psiquiátricas. Elsevier Masson. 2010, Madrid

  • Giner J. et al. Evaluación y manejo de la conducta suicida. Enfoque Editoriales. 2012, Madrid.

  • Simon, R. Assessing and managing suicide risk. American Psychiatric Publishing, Inc.2004, Washington