La realidad sobre el estrés

07/23/2018

Es difícil definir el término estrés de una manera acertada, puesto que habitualmente se le atribuyen características negativas. En términos generales, se trata de un estado de activación tal, que supera la capacidad del individuo para hacerle frente.

Afrontando el estrés del día a día


El estrés no tiene por qué causar desajustes físicos o químicos, ya que en principio simplemente se trata de una fase que exige un mayor rendimiento del sujeto durante un tiempo determinado; así pues, el estrés también puede influenciar positivamente la resolución o realización de tareas mentales complejas.

El problema radica cuando el nivel de estrés que soportamos excede por mucho muestra capacidad de hacer frente al estresor. Entonces, en términos generales, entenderíamos el estrés se torna un estado antihomeostático con repercusiones negativas a nivel físico y químico.


¿Cuándo aparece el estrés?

En consonancia con la definición general de estrés, este aparece cada vez que nos vemos sometidos a situaciones que nos exigen una respuesta más inmediata o intensa de lo normal. En esas situaciones, nos vemos obligados a hacer uso de mayores herramientas de resolución de problemas y tendemos a estar en un estado de alerta mayor.

El estrés en su sentido más patológico aparece cuando el estresor es continuo o muy elevado, hasta el punto de empezar a provocar síntomas diversos como la irritabilidad, la depresión, el agotamiento físico y/o mental, la ansiedad, e incluso molestias físicas como elevación de las cifras habituales de tensión arterial, dolores de cabeza… Y un largo etcétera.


¿Por qué es importante vigilar y controlar el estrés?

Aunque el estrés no necesariamente ha de revestirse de una connotación negativa (lo más habitual es que suponga una ayuda a la capacidad de adaptación del individuo y una manera de adquirir experiencia sobre situaciones nuevas), solo cuando el estresor es muy persistente en el tiempo o de una intensidad mucho más elevada que la capacidad del sujeto para sobrellevarla es cuando podríamos considerarlo patológico12.

Cuando el estrés se considera patológico, se produce una mala adaptación a situaciones graves o continuadas en las que los mecanismos de adaptación del sujeto están interferidos, lo que conlleva a problemas de rendimiento en todos los sentidos. Y cuando esto ocurre, sabemos que se producen una serie de cambios químicos y fisiológicos:

En el aspecto químico, el estrés desencadena el aumento de la síntesis de glucocorticoides (cortisol y cortisona), fundamentales para generar la energía necesaria para hacer frente a los estímulos estresores; sin embargo, estas hormonas también juegan un papel muy importante en la regulación del sistema inmunológico, por lo que una elevación prolongada de los niveles de glucocorticoides puede provocar un fracaso en la inmunidad, facilitando la aparición de múltiples tipos de enfermedades.

En el aspecto neurofisiológico, el estrés parece estar modulado por la interacción de diferentes regiones cerebrales como la amígdala, el núcleo accumbens y la sustancia gris periacueductal, coordinadas todas por la activación del hipocampo y el hipotálamo. El estrés prolongado produce una atrofia -aparentemente transitoria- de las dendritas del hipocampo, lo que supone que el procesamiento emocional (mediado por la amígdala) se ve interferido.

Los cambios a nivel químico y neurofisiológico repercuten en varios órganos y sistemas, haciendo que el estrés a niveles muy elevados de lugar a enfermedades indistintamente físicas o psíquicas, de las que las más estudiadas son las cardiovasculares.

Podemos decir, pues, que el estrés:

  • Puede por sí mismo ser un factor de riesgo de enfermedad.

  • Es una variable responsable del desarrollo, agravamiento y cronificación de enfermedades.

  • Puede ser un factor de riesgo añadido a otros.

Todo lo anterior debería llevarnos obligatoriamente a plantearnos que la prevención, detección y abordaje temprano del estrés tiene una repercusión directa sobre el mantenimiento del buen estado de salud y en la propia prevención de otras enfermedades que afectan gravemente nuestra calidad de vida y funcionamiento social, laboral y personal.


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Esta publicación corresponde a un extracto del Trabajo de Fin del Curso de Especialista en Trastornos del Estado de Ánimo y Ansiedad titulado “Manejo del estrés en el entorno laboral”, presentado ante la Universidad de León en el año 2018.