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Estado de alarma, ¿puede afectarme anímicamente?

03/14/2020

Históricamente sólo se había decretado el «estado de alarma» en una ocasión, y en aquella ocasión no se ordenó un confinamiento parcial de la población – medida que hasta no hace mucho tiempo era más propia de una película de ciencia ficción –. Pero ahora que estamos en cuarentena, muchos se preguntarán de qué manera este aislamiento social puede afectarnos a nosotros y a nuestras familias.

Sentimiento de soledad y ansiedad por confinamiento

Una cosa que tenemos que tener clara, es que en el transcurso de la cuarentena atravesaremos por una montaña rusa emocional: los primeros días serán especialmente complicados pues se trata de una medida excepcional en una circunstancia excepcional que vivimos por primera vez en muchas décadas. Poco a poco nos iremos adaptando más a la situación (ello no implica que no tengamos días malos, de desasosiego y ansiedad), hasta alcanzar probablemente la resignación.

Es importante destacar que no todo el mundo afrontará los días que están por venir de la misma manera: el abanico de posibilidades varías desde aquellos que conseguirán adaptarse a las circunstancoas con relativa facilidas, hasta aquellos a los que les resultará una verdadera cuesta arriba.


¿Qué síntomas pueden alertarme de que tengo dificutades para tolerar la cuarentena?

Algunas de los síntomas más frecuentes y que nos pueden estar alertando de que no estoy afrontando la cuarentena de manera adaptativa, pues ser:

  • Aparición de crisis de pánico: Rápida elevación de la ansiedad, con sensación de dificultad para respirar, sensación de peso en el pecho y dolor que recuerda al propio de un infarto, y convicción de muerte inminente. Esta sensación dura entre unos minutos (¡que parecen eternos!) a un par de horas, y posteriormente mejora dejando tras de sí una sensación de cansancio.

  • Ansiedad flotante: Elevado nerviosismo, estado de agitación, tensión (contracturas musculares) durante todo el día.

  • Preocupación excesiva e incapacidad para pensar en otra cosa que no sea la infección por COVID-19 o por enfermar.

  • Necesidad constante de estar informado, por lo que se consulta permanentemente todos los canales (televisión, prensa, redes sociales e internet) de información al alcance.

  • Dificultad para interesarse en otras cuestiones pues la mente está demasiado centrada en el coronavirus, las medidas que se toman para frenarlo y las consecuencias que acarrerará para la población, así como en el miedo al contagio y las posibles repercusiones familiares.

  • Sensación de bloqueo que le impide funcionar con normalidad, se siente paralizado, le aterroriza salir a la calle y apenas puede desarrollar ni tan siquiera sus actividades domésticas cotidianas o su actividad laboral habitual.

  • Permanente estado de alerta respecto a las sensaciones corporales, pudiendo interpretar estas como síntomas de la infección por COVID-19. Normalmente son signos inocuos y habituales, pero que por la elevada carga de estrés se les dota de un significado patológico.

  • Necesita constatar continuamente el estado de salud de sus familiares: llama con excesiva frecuencia preocupado y preguntando por su estado de salud, insistiendo en la obligación de quedarse en casa para evitar los graves peligros de la exposición cada vez que salen de su domicilio..

  • Aumento de constantes vitales comoritmo cardíaco y frecuencia respiratoria (hiperventilación), así como otra sintomatología vegetativa como sudoración, temblores sin causa justificada, molestias gastrointestinales o rubor facial.

  • Insomnio de conciliación o mantenimiento, con dificultad para conseguir un descanso reparador.


¿Qué medidas podemos tomar para disminuir el malestar?

Lo más recomendable sería:


1. Identificar qué me causa el malestar

La dificultad para afrontar la cuarentena viene dada por una preocupación, que a su vez es el origen de la sintomatología anteriormente expuesta. Y para la desaparición de ese malestar, es necesario saber cuál es la preocupación que nos embarga: el miedo a infectarme, el miedo a que otras personas de mi entorno se afecten, las consecuencias de los contagios o de la cuarentena, las repercusiones sobre la economía familiar / personal, el desabastecimiento…. ¡pueden ser muchas las preocupaciones que se nos vengan a la cabeza ahora!.

Sentimiento de soledad y ansiedad por confinamiento
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Los síntomas que explicaba anteriormente son íntegramente síntomas de ansiedad.

En otras publicaciones anteriores he hablado sobre la ansiedad, describiéndola como «una respuesta del propio organismo que aparece cuando nos encontramos ante estímulos internos o externos que percibimos como amenazantes. Esta sensación de ansiedad se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas físicos propios de una excesiva tensión. Así pues, podríamos definir la ansiedad como un estado mental que nos provoca inquietud e inseguridad»

Está sobredamente claro que el SARS-CoV-19 y todo lo que trae consigo constituye una amenaza, sí. Esto es innegable. Pero también es verdad que en algunas zonas del mundo se ha podido controlar más y mejor la tasa de contagios, y eso significa que, como amenaza para la salud, tiene el tiempo contado; y es muy importante tener esto presente.


2. Reconocer nuestras emociones y aceptarlas

No pasa nada por sentir miedo o incertidumbre. Es probable que prácticamente toda persona con la que hable albergue los mismos sentimientos. ¡La situación lo justifica!.

No es momento de ser autoexigentes con nosotros mismos ni de negarnos la posibilidad de sentirnos vulnerables; al contrario, es la reacción lógica ante el aluvión de situaciones que se desarrollan a nuestra alrededor. Es lógico sentirse agotado emocionalmente por las implicaciones de una pandemia, la cuarentena, el aislamiento en casa y el distanciamiento social y laboral. Y tenemos que permitirnos la licencia de aceptar estas dudas y estos sentimientos.

Hablar de cómo te sientes con otras personas te ayudará a relativizar las cosas, a ponerlas en su sitio y a sentirse comprendido y apoyado. Créeme, no estás solo en este mar de dudas y preocupaciones, pero si las compartes con quien más quieres, seguro que notas un alivio importante.

Eso sí: hablar durante todo el día de ello es casi tan malo como no permitirnos admitir que estamos preocupados. Todo en su justa medida.


3. Informar a nuestros seres queridos de manera realista

Los días que estamos pasando dejan claro que estamos ante una periodo difícil, y que es necesario comprenderlo bien para ser capaz de asumir y llevar a la práctica las medidas que se nos piden como población.

Por tal motivo, es necesario informar detalladamente a nuestros convivientes y resto de familiares y amigos de lo que ocurre y el por qué las acciones que se están tomando - siempre adaptándonos al En el caso de menores o personas especialmente vulnerables como ancianos, no les mienta y proporcióneles explicaciones veraces y adaptadas a su nivel de comprensión.


4. ¡Evitemos la sobreinformación!

El siglo XXI es la era tecnológica, de eso no cabe duda, y vivimos inter e hiperconectados. Esto debería hacernos ser un poco más cautos en el manejo de la información que nos llega a las manos, pues muchas veces los datos vuelan tan rápido que resulta imposible corroborar su autenticidad.

Exceso de información

¿Quién no ha recibido a estas alturas… ?

  • Audios de supuestos médicos de hospitales madrileños informando de la situación enlas UCIs.

  • Capturas de pantalla de noticias, sin que conste en ella quién la redactó, la fecha de publicación ni el medio del que se obtuvo.

  • Infografías de origen incierto.

  • Mensajes de texto reenviados por WhatsApp.

En definitiva, todos estamos manejando una cantidad ingente de información sin ser capaces de dosificar; parece que tenemos sed de saber, y no reparamos en que muchos datos que recibimos proceden de fuentes dudosas, pueden estar sacadas de contexto o incluso pueden ser contradictorias. Asumamos, pues, que es imposible manejar tal volumen de información y que no será fácil estar correctamente al tanto de la situación.

Debemos ser conscientes de que estar permanentemente conectados no nos hará estar mejor informados, aunque con toda probabilidad sí nos hará sentirte más angustiados y confusos innecesariamente. Por tanto, es mejor conectarse una o dos horas al día, consultando o realizando la búsqueda de los datos que nos interesa en datos fiables, y dejar de lado todo aquello que proceda de otras vías de comunicación.


5. Cuestionarnos

Una medida verdaderamente prudente es poner en duda todo lo que decimos o lo que hacemos en estos momentos, analizar si lo que estamos comunicando o si nuestros actos son adecuados a la situación de crisis y, más especialmente, a las medidas que se están tomando para mantenernos todos a salvo y para mantener nuestro ánimo en alto y nuestra salud mental.

Esto implica, por supuesto, poner también en duda el uso que hacemos de la información que recibimos: ¿la transmitimos a nuestros seres queridos, dándola por válida y sin más corroboraciones?, ¿razono la información en base a las preguntas básicas qué, por qué, para qué, cuándo, dónde, cómo; le busco la cuarta pata al gato?-

En medio de esta crisis es profundamente importante ser crítico con los datos que nos llegan desde fuera y con las medidas que estamos tomando, a nivel personal.

No se trata, ni mucho menos, de no dar ningún tipo de credibilidad a las noticias que nos van llegando. Eso es tremendamente arriesgado porque nos llevaría a infravalorar el peligro que represante el SARS-CoV-19. Al contrario, se trata de filtrar lo que llega a nuestros oídos, pues muchas veces escucharemnos a personas de asumible credibilidad dar noticias en base a “me cuentan”, sin matizar apropiadamente los datos que ofrecen o las fuentes que emplean; y al asumir que es cierto lo que dice esta persona de reputación reconocida, no estamos siendo críticos. Si, además, contribuimos a difundir esos datos, no nos estamos cuestionando y ayudamos a la propagación del pánico


6. Contrastemos la información que publicamos

Si usas redes sociales para informarte, procura hacerlo con fuentes oficiales.

¿Cuántas veces hemos corroborado que esos datos son reales: que ese médico del audio realmente es médico en ese hospital; que esa noticia de la captura de pantalla ha sido publicada popr un organismo oficial; el origen de las infografías; el autor original del mensaje de texto?. ¡NINGUNA!. Y sin embargo, le otorgamos validez, nos creímos la información, y la asumimos sin cuestionarla.

Cuando hacemos caso de todos estos datos (que algunos pueden ser ciertos, pero otros no) podemos estar cayendo en las manos de personas / empresas sin escrúpulos que buscan hacerse notar a través de las fake news, sin importarles que extender noticias maliciosas y alarmistas al final lo que crea es el pánico en la población.

Y lo único que se transmite mucho más rápido que el SARS-CoV-2 es el miedo

La imagen especular de ese sector de la población en pańico, es aquel otro sector que ha puesto en duda toda la información que le cayó en las manos y la ha puesto radicalmente en duda. Al final, este comportamiento también es peligroso pues se infravalora la peligrosidad de la amenaza que nos asola y asumen conductas de riesgo para ellos y para la sociedad.

Para evitar caer en el pánico ni en el escepticismo, es muy importante:

Limita tu contacto con las redes sociales a sólo unas muy pocas horas durante el día; o al menos, haz caso omiso de las publicaciones relacionadas con la pandemia.

Si quieres información, búscala en los organismos oficiales: Ministerio de Sanidad u Organización Mundial de la Salud.

Esta es la medida más eficaz para evitar la ansiedad y continuar viendo las cosas con perspectiva, sin acabar saturados y abrumados.


¿Qué tareas son más recomendables para mantener mi estabilidad?

Todos los expertos en salud mental recomendamos seguir las siguientes pautas de comportamiento, que nos ayudarán en los próximos días:

  • Mantener una actitud optimista y objetiva. El mensaje que debemos transmitirnos a nosotros mismos es que somos fuertes y seremos capaces de permanecer aislados y superarlo.

  • Seguir las pautas de higiene y prevención.

  • Evitar hablar permanentemente del SARS-CoV-19

  • Apoyarse en la familia y amigos, manteniendo con ellos comunicación frecuente.

  • Ayudar a los seres queridos a mantener la calma.

  • Buscar y contrastar la información únicamente a través de fuentes oficiales.

  • No contribuir a la difusión de información falsa o bulos, de manera que no se alimente más el miedo y la angustia de los demás.

  • Mantener la mayor parte de las rutinas posibles.

  • Tener cuidado con las conductas de rechazo, estigma y/o discriminación. El miedo puede hacer que nos comportemos de forma impulsiva, rechazando o discriminando a ciertas personas.