09/11/2026
El juicio de Lindsay Clancy ha vuelto a poner sobre la mesa una de las preguntas más difíciles de la psiquiatría forense: ¿qué significa realmente que una persona padezca una enfermedad mental cuando tenemos que valorar su responsabilidad por un delito? Tener un diagnóstico no resuelve la cuestión. Tampoco lo hace comprobar que alguien podía conducir, organizar una actividad cotidiana o realizar una conducta aparentemente planificada.
Cuando la autoría no es la pregunta principal
Lindsay Clancy fue juzgada en Massachusetts por la muerte de sus tres hijos en enero de 2023. La cuestión central no era quién había realizado materialmente los hechos, sino si ella era criminalmente responsable en aquel momento.
La defensa sostuvo que padecía una psicosis posparto que anulaba las capacidades exigidas por la ley. La acusación defendió que, aun existiendo enfermedad mental, conservaba capacidad para comprender la incorrección de su conducta y actuar conforme a esa comprensión.
Esa diferencia resume buena parte del trabajo forense: estar enfermo y ser inimputable no significan lo mismo.
Un caso que sigue abierto
El 4 de septiembre de 2026 el juicio terminó sin veredicto. Tras siete días de deliberaciones, el jurado no alcanzó la unanimidad y el juez declaró un mistrial. Esto no equivale ni a condena ni a absolución.
Después se conoció que la división habría sido de 11–1 favorable a considerar que Clancy carecía de responsabilidad criminal. Es un dato relevante, pero no fue un veredicto judicial.
El 10 de septiembre la defensa pidió al juez que la declare no culpable por falta de responsabilidad criminal y evite un segundo juicio. La petición se abordará previsiblemente el 29 de septiembre. A fecha de publicación, la Fiscalía todavía no había anunciado si solicitaría un nuevo juicio.
El diagnóstico es solo el principio
En clínica preguntamos qué le ocurre a una persona y qué tratamiento puede ayudarla. En una evaluación forense debemos añadir otra cuestión: ¿qué efecto tenían esos síntomas sobre sus capacidades en el momento de los hechos?
La legislación de Massachusetts no se limita a exigir una enfermedad mental. Debe valorarse si, como consecuencia de ella, la persona carecía de capacidad sustancial para apreciar la ilicitud o incorrección de su conducta o para ajustar su comportamiento a las exigencias de la ley.
Por eso dos personas con el mismo diagnóstico pueden recibir valoraciones forenses diferentes: el diagnóstico es una pieza, no la conclusión.
Reconstruir un estado mental pasado
No existe una prueba que muestre directamente cómo estaba la mente de una persona tiempo atrás. La valoración retrospectiva se construye como un puzle: entrevistas, historia clínica, tratamientos, mensajes, documentos, información de familiares y conducta antes, durante y después.
Después hay que comprobar si las piezas encajan: si los síntomas ya aparecían en registros previos, si los observaron otras personas y si existe una explicación alternativa. El perito no está para aceptar una versión, sino para contrastarla.
Psicosis posparto: grave, pero no sinónimo de violencia
La psicosis posparto es un cuadro psiquiátrico agudo y grave, habitualmente de comienzo rápido tras el parto. Puede incluir delirios, alucinaciones, desorganización, alteraciones cognitivas y cambios intensos del estado de ánimo. La investigación reciente refuerza además su estrecha relación con el espectro bipolar.
Es una urgencia psiquiátrica. Pero la inmensa mayoría de las mujeres que la padecen no daña a sus hijos. Asociar automáticamente psicosis y violencia sería incorrecto y estigmatizante.
Tampoco puede razonarse al revés: un desenlace trágico no demuestra por sí mismo una psicosis. En el caso Clancy, los especialistas discreparon sobre el diagnóstico, la cronología y su relevancia jurídica.
El verdadero núcleo pericial
La pregunta decisiva no es solamente «¿tenía psicosis?», sino qué relación guardaban los síntomas con la conducta.
Durante el juicio se destacó que Clancy podía conducir, acudir a citas o preparar actividades familiares. Son datos relevantes, pero realizar tareas organizadas no demuestra por sí solo plena responsabilidad criminal. Una persona con psicosis puede mantener áreas de funcionamiento aparentemente normal.
El extremo contrario tampoco sería correcto: padecer una enfermedad mental grave no significa que cualquier conducta realizada durante ese periodo sea consecuencia de ella. El trabajo forense consiste precisamente en estudiar ese nexo psicopatológico: qué creía la persona, cómo interpretaba la realidad, si comprendía que su conducta estaba mal y hasta qué punto podía modularla.
Por qué pueden discrepar dos expertos
Phillip Resnick, presentado por la defensa, consideró que Clancy se encontraba psicótica y otorgó relevancia a fenómenos que interpretó como alucinaciones y vivencias de influencia externa.
Gregory Saathoff, por la acusación, cuestionó esa interpretación y señaló inconsistencias en la cronología y en algunas características de los síntomas referidos. Kirk Heilbrun, también presentado por la acusación, reconoció enfermedad mental y formuló un trastorno bipolar II con síntomas depresivos, pero concluyó que no existía una psicosis aguda que anulase las capacidades relevantes.
La discrepancia no puede reducirse a que un experto «creyera» a Clancy y otro no. El desacuerdo estaba, sobre todo, en qué efecto tenían los síntomas en sus capacidades.
Una mirada desde España
El artículo 20.1 del Código Penal español contempla la exención cuando, por una anomalía o alteración psíquica, la persona no puede comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión.
Los sistemas no son idénticos, pero comparten una idea esencial: el diagnóstico, por sí solo, no decide la responsabilidad penal. En España puede haber eximente completa, incompleta o atenuación, y la exención no implica necesariamente quedar en libertad: pueden imponerse medidas de seguridad.
…Para finalizar…
El caso Lindsay Clancy muestra por qué la psiquiatría forense trabaja lejos de las respuestas simples. Una persona psicótica puede conservar muchas capacidades, y una conducta organizada no excluye automáticamente la psicosis.
El perito no sustituye al tribunal ni decide la respuesta penal. Su función es reconstruir con el mayor rigor posible qué síntomas estaban presentes, cómo afectaban al funcionamiento y qué relevancia podían tener para las capacidades que la ley considera decisivas.